LAS LOSAS AGRIETADAS DEL CAMINO QUE HAY QUE SALVAR (Parte 1)

No sabe por qué está tirada en la calle, con barro y bajo la lluvia. Le duele la cabeza y no puede abrir los ojos. Sabe que se encuentra en el suelo porque un charco de agua está mojando su espalda, una lluvia persistente cae sobre ella, y nota un líquido caliente derramándose desde la frente y la nariz hacia la nuca. Oye a dos hombres hablando a su lado; no los conoce, pero trata de escuchar su conversación y le parece que son guardias municipales; también siente una algarabía alrededor: es gente gritando y pidiendo ayuda, y una mujer que se está encomendando a Dios y la Virgen. Ve un carruaje volcado y se estremece cuando descubre unas piernas asomando bajo él. No entiende qué está pasando, piensa que debe de ser un sueño porque no  es posible que esté en el suelo sin poder moverse, y tampoco recuerda cómo ha llegado hasta ahí. Sin embargo, de repente, empieza a sentir mucho sueño, sólo quiere dormir y se hunde en un profundo y agradable sopor.

************************************************************

Se despierta en un lugar extraño con un olor desagradable; oye susurros, y la cabeza le duele tanto, que le da la impresión de que se la están agujereando a golpes. Le pesan los párpados, quiere llamar a alguien pero sólo emite un gemido. Alguien se acerca, y una voz se dirige a ella por su nombre.

—Elena, ¿puedes oírme? —Quien habla manifiesta sorpresa— ¿Cómo estás, querida?

Ella quiere decir que le duele todo el cuerpo y que la cabeza la está matando pero, de su garganta, sólo salen ruidos.

—Vaya a preparar el sedante, hermana —dice la mujer a otra persona.

Cuando oye esto, la paciente deduce que está en un centro médico. Su intención es preguntar qué hace allí, pero teme la respuesta.

Trata de recordar qué ha pasado para llegar ahí, y piensa en lo que hizo al empezar el día. Recuerda que es viernes, y que se ha levantado temprano; ese día, Elena va al nuevo mercado de Atarazanas[1] y compra ella misma el pescado que llega de la bahía de Málaga. Va con la muchacha que ayuda en la cocina, pero ese día está lloviendo mucho y es imposible andar por las calles después de una noche de tormenta, así que decide aprovechar la calesa de alquiler que Joaquín, su esposo, utiliza para ir al despacho de su empresa para que las lleven al mercado de abastos antes de que se dirija a su lugar de trabajo.

Elena recuerda que, antes de salir, los mellizos dormían; la niñera ya estaba en casa y con todo preparado para cuando se levantaran, y el matrimonio, acompañado de la chica de la cocina, sale de su palacete en Alameda[2]. En la puerta, está esperando el coche de rúa; el matrimonio se sienta en la parte trasera de la calesa, y la muchacha frente al marido, de espaldas al sentido del carruaje. Elena intenta evocar el trayecto, y recuerda a las floristas montando sus puestos y el olor de sus flores recién cortadas invadiendo el ambiente a pesar de la lluvia. Calcula que no debieron de recorrer mucho, porque no habían llegado a la calle Puerta del mar; allí es donde tenía que desviarse el coche pero, antes de girar, se oyó un estrépito, y una fuerza la empujó a un lado contra su marido. De pronto, se encuentra en el suelo embarrado de la calle, rodeada de gente; un escalofrío recorre su cuerpo al recordar las piernas que asomaban bajo la calesa volcada. Sabe que se trataba de Joaquín, su esposo.

La religiosa se sienta despacio a los pies de la cama de la paciente, como si cualquier leve movimiento la pudiera dañar. Elena quiere decir que ha de ver a sus hijos, que son muy pequeños, y que están solos con el servicio de la casa, pero sólo le salen ruidos de la garganta. Piensa que todo es una locura, y se pregunta por qué no puede hablar. La monja coge su mano, y empieza a hablarle con voz calmada y susurrante.

—Elena, estás en el Hospital Civil de Málaga y llevas con nosotros algo más de cuatro meses —Un estallido se produce dentro de su cabeza al oír esto, y cree que va a perder el conocimiento—, tuviste un accidente —continúa la religiosa— y has estado inconsciente todo este tiempo. Uno de los caballos de la calesa resbaló, se rompió el  enganche y volcasteis. Al principio, te llevaron a tu casa porque habías sufrido un terrible golpe en la cabeza, incluso, llegaron a pensar que no sobrevivirías, pero a las dos semanas, cuando vieron que tu situación se iba a prolongar mucho, decidieron trasladarte aquí.

La paciente se sorprende de esa medida; el Hospital Civil es sólo para pobres, pero deduce que su médico decidió que eso sería lo mejor para una convalecencia larga.

La otra hermana que había ido a preparar el calmante, vuelve con una jeringa. La religiosa que le está hablando inspira, hace una pausa y continúa.

—El cochero salió indemne, y la joven que os acompañaba fue ingresada en el hospital San Julián pero no superó la noche, y…

Elena no quiere seguir oyendo, sabe lo que va a decir y sólo desea que le diga dónde están sus niños. Entonces, la religiosa le agarra el brazo y le inyecta la morfina, vuelve a posar la extremidad con lentitud sobre la cama, y finaliza:

—Tu esposo murió en el acto.

A Elena le entra mucho sueño y parece que su cuerpo está flotando, sabe que es por lo que le acaban de poner, quiere llorar y gritar pero no tiene fuerzas, nota cómo la monja le coloca un rosario en la mano derecha y se va.

Sin embargo, nadie le dice dónde están sus hijos.

(Continuará…)

Dibujo del puerto de Málaga en el siglo XIX con la catedral al fondo. Imagen de Juan Román en Pixabay.
Dibujo del puerto de Málaga en el siglo XIX con la catedral al fondo. Imagen de Juan Román en Pixabay.

[1] “Mercado de Atarazanas”: Principal mercado de abastos de la ciudad de Málaga.

[2] “Alameda”: Avenida en el centro de Málaga donde vivía la alta burguesía.

#TallerdeLetrasyErroresCompartidos

Olga Lafuente.

literatura feminista

Submarino de hojalata

El mes de marzo,el mes de la Mujer, lo hemos dedicado a un libro clave del movimiento feminista: `El color púrpura´. Y, por tanto, en Sinopsis Compartida, hemos hecho un hilo sobre la literatura feminista.

Muchas escritoras (y escritores también) han contribuido con el feminismo e, incluso, la literatura ha sido fundamental para su nacimiento. De hecho, nació gracias a una escritora:

Esa escritora fue Mary Wollstonecraft, conocida como la madre de Mary Shelley, la autora de `Frankenstein´. Escribió `Vindicación de los derechos de la mujer´ en respuesta a varios escritores, entre ellos Jacques Rousseau, quien dijo que la mujer no necesitaba educación racional.

Wollstonecraft era una activista que defendía la educación racional e igual para ambos sexos con escuelas mixtas y para todos. Se trasladó a Francia durante la Revolución atraída por las ideas de libertad e igualdad que proclamaban y dispuesta…

Ver la entrada original 847 palabras más

mes isabel allende

En febrero iniciamos en el Club de Lectura de Sinopsis Compartida, el #MesIsabelAllende con su novela #LaCasaDeLosEspíritus. Mucho se ha hablado de este libro y no se trata de repetir lo que hay en Wikipedia. Así que le dimos un repaso para, después, conocer a su autora y el realismo mágico. `La casa de los […]

mes isabel allende

Reseña de `Billy [Algo es algo]´

Submarino de hojalata

Título: Billy [Algo es algo]

Autor: Gustavo Sierra Fernández

Editorial: Libros Indie

Año de edición: 2019

Nº de edición: Primera

Nº de páginas: 227

Esta novela de Gustavo Sierra Fernández es, en mi opinión, un homenaje a la genuina novela negra española, la de la transición política; la novela negra original que se centra en una sola ciudad y recorre los escenarios más lúgubres y corruptos de esta, solo que a lo largo de cuarenta años de historia.

No es novela histórica ni tampoco policiaca. Aquí no importa resolver un crimen, sino por qué se comete. No hay un detective o policía que busca soluciones ni siquiera se puede decir que haya un bueno y un malo. Todos tienen un lado oscuro, secretos que sería mejor llevar a la tumba, pero que amenazan con salir a luz.

Al inspector Guillermo Niño le atormentan el recuerdo de un crimen y una…

Ver la entrada original 778 palabras más

Novela Negra

Submarino de hojalata

El mes de enero se dedicó en Sinopsis Compartida a la novela negra. Se leyó y comentó el libro `Billy [Algo es algo]´de Gustavo Sierra Fernández y al mismo tiempo, se realizó una secuencia sobre el género de la novela negra donde se explicaban sus características, ejemplos y curiosidades en el #ClubdeLecturaOlga y que son las que vienen a continuación:

Para empezar: ¿Cuándo nace la novela negra? Hay quienes le `echan la culpa´a Edgar Allan Poe, pero, aunque este sentara las bases del género policial, la novela negra nace en los años 20 del siglo XX por factores como la I guerra mundial, la depresión del 29 o la ley seca.

¿Por qué `negra´? Muchos dirían que es debido a la atmósfera recogida en este tipo de novela: corrupción, ambiente degradado, violencia, y tienen razón, pero la respuesta es más simple; los primeros relatos se publicaron en la…

Ver la entrada original 781 palabras más

Los exploradores del tiempo-3.UN SEÑOR MUY INGLÉS (Primera parte)

Mi nueva aportación en https://revistacometasdepapel.com

Revista Cometas de papel

Tras el regreso del viaje a la habitación de Van Gogh, a los cinco exploradores se les pasó pronto el susto, sobre todo, a Carla que le había parecido corto y pidió hacer otro.

Pablo dijo que había que dejar de hacer esos viajes porque podrían quedarse perdidos por ahí en el pasado, pero Carla insistió tanto que los chicos decidieron hacerle caso con tal de no seguir oyéndola.

Estaban sentados dentro de la tienda de campaña delante del ordenador que mostraba todos los mini agujeros negros que había en la habitación de Julián. Carla vio dos mini agujeros negros girando muy cerca el uno del otro.

—¡Oh, eso mola! —exclamó Carla señalándolos en la pantalla.

—¿Eso qué es? —preguntó Pablo mostrando disgusto.

—Es un agujero negro doble —contestó Julián.

—¿Y qué diferencia hay con los otros? —siguió preguntando Pablo.

—No sé —Julián se encogió de hombros—. Es la primera…

Ver la entrada original 275 palabras más

Los exploradores de la Historia- 2.LA HABITACIÓN LILA

Revista Cometas de papel

La pandilla de los cinco exploradores habían comenzado su misión: Viajar en el tiempo.

La tienda de campaña de Julián convertida en máquina del tiempo se iluminó como una estrella fugaz y fueron lanzados a una velocidad de miedo por un túnel oscuro y lleno de curvas hasta que frenó de repente. Los exploradores de la Historia no se atrevían a salir de la tienda para ver si, de verdad, había funcionado el invento de Julián, pero Carla, que era la más valiente, decidió asomarse por la abertura.

— ¡Ooooh! Esto es una habitación —exclamó Carla.

— ¡Lo sabía! Es imposible construir una máquina del tiempo —refunfuñó Pablo.

— No, no. Es otra habitación —decía Carla con la cabeza fuera de la tienda

— A ver… ¡Quiero verla! — dijo Paloma, a la que le encantaba el misterio.

Los exploradores salieron y se encontraron en un cuarto…

Ver la entrada original 251 palabras más

Los exploradores de la Historia. 1.TODO DISPUESTO PARA LA MISIÓN

Revista Cometas de papel

adorable blur bookcase books Photo by Pixabay on Pexels.com

El cuarto de Julián era como un laboratorio del futuro: tenía tubos que llegaban al techo con grandes gotas de agua luminosas que subían y bajaban, se oían sonidos de la naturaleza como el mar o el viento, también había una moqueta que parecía césped y muchos, pero muchos, aparatos raros que él encontraba.

Julián tenía muy pocos amigos: él casi no hablaba y no le gustaba mirar a los ojos, además, no entendía los chistes, pero construía inventos geniales que a nadie más se le podrían ocurrir, y a los amigos que tenía les encantaba ir a su casa para utilizar sus invenciones.

selective focus photography of girl wearing cap standing beside flowers Photo by Tuu1ea5n Kiu1ec7t Jr. on Pexels.com

Estaba Paloma, a quien le gustaban los libros de misterio y de policías, y era extraordinaria en descubrir quién era el malo antes que los demás.

Carla era muy valiente, siempre…

Ver la entrada original 333 palabras más

#MISMOINICIODIFERENTEFINAL

Imagen tomada de @MaruBV13

Loretta admiraba el azul profundo del mar y escuchaba las olas romper contra las rocas. Sabía lo afortunada que era de contar con oportunidades como esta, pero algo faltaba en su vida y ella sabía perfectamente qué era.

Mientras escuchaba el sonido de las olas reventar contra las rocas, Loretta solo pudo pensar en una cosa y esa era que, algún día, ella alcanzaría a conocer todos los secretos que guardaba aquella llanura azul que se extendía hasta más allá del horizonte. Pero también se preguntaba que para que necesitaba conocerlos y, al mismo tiempo, ¿serían todos tan tristes como sus pensamientos o guardaría alguna sorpresa grata?, pero si eran secretos buenos o malos a ella ya no le importaba. Nunca le había importado y, ni siquiera, sabía por qué estaba en aquel lugar y no en otro.

Esa es la pregunta que se hizo cuando despertó antes del amanecer: ¿Por qué allí? En ese lugar desconocido y tan lejos de su casa y de los suyos. Ahora, sentía que podía ir a donde quisiera, elegir su destino, era libre y ya no tenía que dar explicaciones ni sentir remordimientos por sus acciones, pero…algo le faltaba; se lo repetía una y otra vez; algo le faltaba y aunque lo sabía, no quería reconocerlo. Ya lo haría más tarde; sus recuerdos se volvían más nítidos a medida que pasaba el tiempo, y encontraría la forma de aceptarlos antes de que llegase el ocaso.

Aunque el sol ya estaba en su cénit, aún se encontraba dispersa, confusa; como si le hubieran hecho un lavado de cerebro y la hubieran abandonado al borde de aquel acantilado: era una broma macabra, pero, al mismo tiempo, se sentía bien, como si iniciara algo importante. No recordaba qué había pasado antes de ese lapso de tiempo que se mantenía en su amnesia y trataba de volver a él para saber qué hacer.

El cielo se iba tornando bermellón y las aguas del mar ya eran violetas, sus olas se habían vuelto mansas y la invitaban a zambullirse en ellas. A medida que los colores del lienzo que tenía delante se oscurecían, su mente se aclaraba; llegaban los recuerdos, la memoria de quién era ella y el conocimiento de lo que estaba haciendo allí.

Cuando el sol se escondió tras la línea del horizonte hasta dejar un mar plateado bajo la luna, lo reconoció todo: por fin, aceptó qué era lo que le faltaba y cuáles eran esas oportunidades que se le presentaban.

Recordó el momento en que se subió a aquel coche en mitad de la noche, en el punto de la carretera en el que ella vendía sus servicios, y cuando los ocupantes la llevaron a aquella casa en ruinas de un lugar alejado. Recordó que la obligaron a beber y que le pusieron algo en la bebida, también recordaba el momento en que la desnudaron y la violaron, y cómo la asesinaron.

Después, se encontró en ese lugar de ensueño que la había atrapado. Esa era la oportunidad, la de ser libre, la de volar e ir a dónde quisiera, sin preocupaciones ni miedos. Y también aceptó, por fin, lo que le faltaba: su vida, esa vida que había quedado truncada tan joven la noche anterior a manos de los dos pasajeros que la recogieron en su coche.

Su espíritu se elevó y sobrevoló el espejo brillante recreándose en los destellos reflejados de las estrellas y siguió hasta más allá del horizonte en pos de la luz.

Photo by Killian Pham on Unsplash

Olga Lafuente.

Basado en el reto de escritura #MISMOINICIODIFERENTEFINAL propuesto por @MaruBV13

CRÓNICAS IGNORADAS -INTRIGAS DE LA TRASTIENDA

Imagen de Samuele Schirò en Pixabay

Un día más, antes del amanecer, iniciaba la rutina forzada y pesada de levantarse en la oscuridad y con el frío que agrietaba sus manos, ya secas y envejecidas por el trabajo.

En silencio, preparaba el desayuno del marido y los hijos: nueve tazones de metal y un plato de loza sobre la mesa de madera para que cuando hubiera amanecido, desayunaran su café con leche y la rebanada de pan tostado con aceite. Para entonces, ella llevaría más de tres horas en la tienda de ultramarinos que sustentaba a la familia.

La primera faena era colocar la mercancía dejada por los proveedores. Ella era la tendera más madrugadora para preparar su tienda; acurrucada en su chal de lana y vestida de luto como hacía desde niña, doblaba la espalda y acarreaba sacos de naranjas, judías o patatas, y distribuía la mercancía en las cajas dispuestas al público. Era un trabajo duro y tedioso, no como cuando ayudaba a su madre. Ahora, los productos se exponían por tamaño y calidad porque, a pesar de la escasez y miseria de aquellos tiempos, la clientela exigente y remilgada, quería tenerlo todo dispuesto sin perder tiempo en rebuscar entre el producto.

Como un ritual, trabajaba despacio y en silencio, concentrada y sin perder el ritmo; siempre el mismo orden: primero, el grano, después las legumbres, la fruta y, por último, los tubérculos, los más pesados, los que venían en sacos más grandes y difíciles de comprobar.

Vació con cuidado el costal de patatas y las fue colocando en sus cajas hasta casi llegar al fondo. En un momento, se paró, introdujo ambas manos y sacó con atención exquisita y casi veneración, un icono ortodoxo de oro y piedras preciosas. Lo observó con una leve sonrisa y lo contempló largo rato.

Imagen de Mankaklass en Pixabay.

El grabado merecía todo su respeto; lo había pedido a sus proveedores hacía un año y estos no pararon de buscar hasta encontrarlo en una casa de la estepa rusa. Con esa obra única, ella obtendría una fortuna en el mercado de contrabando; aseguraría el futuro de sus ocho hijos con estudios en el extranjero y una buena vida y, sobre todo, ella y su marido, seguirían aumentando su patrimonio: sus villas en la costa, su colección de vehículos, sus cuentas bancarias…

Por él, una familia había perdido la vida en un horrendo crimen pero ¿Quién iba a seguir el rastro hasta ella, una humilde tendera, al otro lado del continente?

#CRÓNICAS IGNORADAS