Los exploradores del tiempo-3.UN SEÑOR MUY INGLÉS (Primera parte)

Mi nueva aportación en https://revistacometasdepapel.com

Revista Cometas de papel

Tras el regreso del viaje a la habitación de Van Gogh, a los cinco exploradores se les pasó pronto el susto, sobre todo, a Carla que le había parecido corto y pidió hacer otro.

Pablo dijo que había que dejar de hacer esos viajes porque podrían quedarse perdidos por ahí en el pasado, pero Carla insistió tanto que los chicos decidieron hacerle caso con tal de no seguir oyéndola.

Estaban sentados dentro de la tienda de campaña delante del ordenador que mostraba todos los mini agujeros negros que había en la habitación de Julián. Carla vio dos mini agujeros negros girando muy cerca el uno del otro.

—¡Oh, eso mola! —exclamó Carla señalándolos en la pantalla.

—¿Eso qué es? —preguntó Pablo mostrando disgusto.

—Es un agujero negro doble —contestó Julián.

—¿Y qué diferencia hay con los otros? —siguió preguntando Pablo.

—No sé —Julián se encogió de hombros—. Es la primera…

Ver la entrada original 275 palabras más

Los exploradores de la Historia- 2.LA HABITACIÓN LILA

Revista Cometas de papel

La pandilla de los cinco exploradores habían comenzado su misión: Viajar en el tiempo.

La tienda de campaña de Julián convertida en máquina del tiempo se iluminó como una estrella fugaz y fueron lanzados a una velocidad de miedo por un túnel oscuro y lleno de curvas hasta que frenó de repente. Los exploradores de la Historia no se atrevían a salir de la tienda para ver si, de verdad, había funcionado el invento de Julián, pero Carla, que era la más valiente, decidió asomarse por la abertura.

— ¡Ooooh! Esto es una habitación —exclamó Carla.

— ¡Lo sabía! Es imposible construir una máquina del tiempo —refunfuñó Pablo.

— No, no. Es otra habitación —decía Carla con la cabeza fuera de la tienda

— A ver… ¡Quiero verla! — dijo Paloma, a la que le encantaba el misterio.

Los exploradores salieron y se encontraron en un cuarto…

Ver la entrada original 251 palabras más

Los exploradores de la Historia. 1.TODO DISPUESTO PARA LA MISIÓN

Revista Cometas de papel

adorable blur bookcase books Photo by Pixabay on Pexels.com

El cuarto de Julián era como un laboratorio del futuro: tenía tubos que llegaban al techo con grandes gotas de agua luminosas que subían y bajaban, se oían sonidos de la naturaleza como el mar o el viento, también había una moqueta que parecía césped y muchos, pero muchos, aparatos raros que él encontraba.

Julián tenía muy pocos amigos: él casi no hablaba y no le gustaba mirar a los ojos, además, no entendía los chistes, pero construía inventos geniales que a nadie más se le podrían ocurrir, y a los amigos que tenía les encantaba ir a su casa para utilizar sus invenciones.

selective focus photography of girl wearing cap standing beside flowers Photo by Tuu1ea5n Kiu1ec7t Jr. on Pexels.com

Estaba Paloma, a quien le gustaban los libros de misterio y de policías, y era extraordinaria en descubrir quién era el malo antes que los demás.

Carla era muy valiente, siempre…

Ver la entrada original 333 palabras más

#MISMOINICIODIFERENTEFINAL

Imagen tomada de @MaruBV13

Loretta admiraba el azul profundo del mar y escuchaba las olas romper contra las rocas. Sabía lo afortunada que era de contar con oportunidades como esta, pero algo faltaba en su vida y ella sabía perfectamente qué era.

Mientras escuchaba el sonido de las olas reventar contra las rocas, Loretta solo pudo pensar en una cosa y esa era que, algún día, ella alcanzaría a conocer todos los secretos que guardaba aquella llanura azul que se extendía hasta más allá del horizonte. Pero también se preguntaba que para que necesitaba conocerlos y, al mismo tiempo, ¿serían todos tan tristes como sus pensamientos o guardaría alguna sorpresa grata?, pero si eran secretos buenos o malos a ella ya no le importaba. Nunca le había importado y, ni siquiera, sabía por qué estaba en aquel lugar y no en otro.

Esa es la pregunta que se hizo cuando despertó antes del amanecer: ¿Por qué allí? En ese lugar desconocido y tan lejos de su casa y de los suyos. Ahora, sentía que podía ir a donde quisiera, elegir su destino, era libre y ya no tenía que dar explicaciones ni sentir remordimientos por sus acciones, pero…algo le faltaba; se lo repetía una y otra vez; algo le faltaba y aunque lo sabía, no quería reconocerlo. Ya lo haría más tarde; sus recuerdos se volvían más nítidos a medida que pasaba el tiempo, y encontraría la forma de aceptarlos antes de que llegase el ocaso.

Aunque el sol ya estaba en su cénit, aún se encontraba dispersa, confusa; como si le hubieran hecho un lavado de cerebro y la hubieran abandonado al borde de aquel acantilado: era una broma macabra, pero, al mismo tiempo, se sentía bien, como si iniciara algo importante. No recordaba qué había pasado antes de ese lapso de tiempo que se mantenía en su amnesia y trataba de volver a él para saber qué hacer.

El cielo se iba tornando bermellón y las aguas del mar ya eran violetas, sus olas se habían vuelto mansas y la invitaban a zambullirse en ellas. A medida que los colores del lienzo que tenía delante se oscurecían, su mente se aclaraba; llegaban los recuerdos, la memoria de quién era ella y el conocimiento de lo que estaba haciendo allí.

Cuando el sol se escondió tras la línea del horizonte hasta dejar un mar plateado bajo la luna, lo reconoció todo: por fin, aceptó qué era lo que le faltaba y cuáles eran esas oportunidades que se le presentaban.

Recordó el momento en que se subió a aquel coche en mitad de la noche, en el punto de la carretera en el que ella vendía sus servicios, y cuando los ocupantes la llevaron a aquella casa en ruinas de un lugar alejado. Recordó que la obligaron a beber y que le pusieron algo en la bebida, también recordaba el momento en que la desnudaron y la violaron, y cómo la asesinaron.

Después, se encontró en ese lugar de ensueño que la había atrapado. Esa era la oportunidad, la de ser libre, la de volar e ir a dónde quisiera, sin preocupaciones ni miedos. Y también aceptó, por fin, lo que le faltaba: su vida, esa vida que había quedado truncada tan joven la noche anterior a manos de los dos pasajeros que la recogieron en su coche.

Su espíritu se elevó y sobrevoló el espejo brillante recreándose en los destellos reflejados de las estrellas y siguió hasta más allá del horizonte en pos de la luz.

Photo by Killian Pham on Unsplash

Olga Lafuente.

Basado en el reto de escritura #MISMOINICIODIFERENTEFINAL propuesto por @MaruBV13

CRÓNICAS IGNORADAS -INTRIGAS DE LA TRASTIENDA

Imagen de Samuele Schirò en Pixabay

Un día más, antes del amanecer, iniciaba la rutina forzada y pesada de levantarse en la oscuridad y con el frío que agrietaba sus manos, ya secas y envejecidas por el trabajo.

En silencio, preparaba el desayuno del marido y los hijos: nueve tazones de metal y un plato de loza sobre la mesa de madera para que cuando hubiera amanecido, desayunaran su café con leche y la rebanada de pan tostado con aceite. Para entonces, ella llevaría más de tres horas en la tienda de ultramarinos que sustentaba a la familia.

La primera faena era colocar la mercancía dejada por los proveedores. Ella era la tendera más madrugadora para preparar su tienda; acurrucada en su chal de lana y vestida de luto como hacía desde niña, doblaba la espalda y acarreaba sacos de naranjas, judías o patatas, y distribuía la mercancía en las cajas dispuestas al público. Era un trabajo duro y tedioso, no como cuando ayudaba a su madre. Ahora, los productos se exponían por tamaño y calidad porque, a pesar de la escasez y miseria de aquellos tiempos, la clientela exigente y remilgada, quería tenerlo todo dispuesto sin perder tiempo en rebuscar entre el producto.

Como un ritual, trabajaba despacio y en silencio, concentrada y sin perder el ritmo; siempre el mismo orden: primero, el grano, después las legumbres, la fruta y, por último, los tubérculos, los más pesados, los que venían en sacos más grandes y difíciles de comprobar.

Vació con cuidado el costal de patatas y las fue colocando en sus cajas hasta casi llegar al fondo. En un momento, se paró, introdujo ambas manos y sacó con atención exquisita y casi veneración, un icono ortodoxo de oro y piedras preciosas. Lo observó con una leve sonrisa y lo contempló largo rato.

Imagen de Mankaklass en Pixabay.

El grabado merecía todo su respeto; lo había pedido a sus proveedores hacía un año y estos no pararon de buscar hasta encontrarlo en una casa de la estepa rusa. Con esa obra única, ella obtendría una fortuna en el mercado de contrabando; aseguraría el futuro de sus ocho hijos con estudios en el extranjero y una buena vida y, sobre todo, ella y su marido, seguirían aumentando su patrimonio: sus villas en la costa, su colección de vehículos, sus cuentas bancarias…

Por él, una familia había perdido la vida en un horrendo crimen pero ¿Quién iba a seguir el rastro hasta ella, una humilde tendera, al otro lado del continente?

#CRÓNICAS IGNORADAS

La tita Lola

Imagen de jbarah15. Pixabay.

Era el vivo ejemplo

de la frescura y la belleza;

una muchacha menuda

y pizpireta,

que hizo de la alegría de vivir,

su bandera.

Un pequeño frasco

que rebosaba bondad e inocencia,

y que repartía jarana, alboroto

y algún que otro quebradero de cabeza.

Con el mundo por montera,

se olvidó de las penas

y la pobreza.

Se colaba en casorios, bautizos,

funerales y demás fiestas.

No repetía vestido

ni le hacía ascos a ninguna bagatela.

Tan apasionada como era,

padeció, en exceso,

la soledad de la guerra.

Por eso, no sorprendió a nadie

que, al finalizar la contienda,

su marido la encontrara con otro,

en su propio lecho,

y bajo sábanas de seda.

El tito Antonio,

haciendo gala

de caballerosidad y nobleza,

acertó a preguntar

qué fue lo que le pasó por la cabeza.

A lo que ella respondió

de manera muy resuelta,

que no había maldad en sus actos,

sino que era víctima

de una falsa promesa:

el traicionero amante,

valiéndose de la fragilidad de ella,

le ofreció un tarro de perfume

a cambio de sus sensuales destrezas.

Imagen de Lolame. Pixabay.

Así que mi tío,

ni corto ni perezoso,

corrió al estraperlo,

y le compró la mejor esencia.

Y con esto que hizo, sin él saberlo,

creó una costumbre

que perduró por décadas:

la hermana del tito Antonio,

o sea, mi abuela,

puso en práctica su peculiar guasa,

y quiso regalar lo mismo

en la ocasión que tuviera.

Y no hubo evento,

festejo o juerga

en el que faltase el fragante regalo

para mi tía abuela.

Siempre que recibía uno,

demostraba que, en gratitud,

era la primera,

y mirando a mi tío,

decía con cara de sorpresa:

“Fíjate lo que me han regalado,

quién lo dijera”;

a lo que el tito Antonio,

con su deje andaluz, respondía:

“Anda, mira, estarás contenta”.

Y así siguieron los años,

creciendo la familia

y continuando con la comedia.

Ya nadie dudaba que

la tita Lola era

la mujer con la colección de esencias,

que provocaba la envidia

de estrellas de cine

y damas con solera.

Y en el final de sus días,

postrada por la senectud y demencia,

atinó a decirle a mi tío

que estaba sentado a su vera:

“Fíjate lo que me han regalado,

quién lo dijera”;

a lo que su amante esposo contestó:

“Anda, mira, estarás contenta”.

Olga Lafuente.

Imagen de tercerpisorta0. Pixabay.